6/4/11


Nadie necesita tanto una sonrisa, como aquel al que no le queda ninguna por dar.

Puede que la respuesta

 sea no preguntarse por qué...

 perderse por los bares donde se bebe sin sed.




“Vamos, lo que sea será, soy fuerte. Brillo por mi propia luz, losé. Creo en mí. No debería esperar por nada, ni por nadie. No debería esperar momentos de felicidad, debería salir ahí afuera, buscarlos, perseguirlos y atraparlos. Sí, eso haré. Aunque, en este caso, será diferente. Serás tú el que me tendrá que lograr atrapar a mí. Vamos, ven, juntos podremos alcanzar la felicidad en estado puro. Y si no, no pasa nada. Mira que no hay gente por conocer en el mundo, historias que compartir, besos que saborear, y gente dulce. Gente amable, ociosa, divertida, tímida, sin complejos, sin miedos, respetuosos. Simplemente gente. Y, entre todos ellos, una persona dulce, una persona que resaltará entre los demás, que encajará a la perfección conmigo, como si de un todo se tratase. Amor verdadero. Qué bien suena. Pero no hay prisa, no. Yo mientras seguiré volcada en mi ardua tarea: La búsqueda de la felicidad.
Aunque una cosa está clara, la felicidad en estado puro no se encuentra en el mismo bar de siempre, con la misma gente de siempre y las conversaciones monótonas de a diario. La felicidad en estado puro, la realización como persona y el sentimiento de saber con toda certeza que estás saboreando la vida se encuentra en momentos irrepetibles; en un día a día intenso. La felicidad se trata de amanecer emocionado y radiante, sin saber las sorpresas que te deparará la vida esta vez, y anochecer sintiéndose pleno, pensando que la felicidad ha estado en la misma calle que tú, y que has mantenido una conversación con las sonrisas; se encuentra en planes fuera de lo común, en cosas nuevas, en sueños por realizar y en un presente dulce y lleno de nuevas experiencias.
Y esto, señores, es lo único que yo perseguiré eternamente, lo único que merecerá la pena esperar y seguir. Y no me importa todo el sufrimiento que haya por el camino, ni las piedras que encontraré ni los tropezones, ni las caídas… al final, la recompensa será dulce. Ya casi puedo saborearla ”.
Es duro fracasar en algo, pero es mucho peor vivir con la certeza de no haber tenido ni siquiera el valor suficiente como para intentarlo.




Te he estado esperando demasiado tiempo, pero en cuanto apareciste pensé, ¿acaso un ángel me está sonriendo? En cuanto me acostaba mil pensamientos recorrían mi mente y pensé que el amor estaba muerto pero me reviviste, al fin y al cabo tú me puedes ofrecer amor y afecto tanto si estoy bien como mal. Sinceramente, no creo que encuentre las palabras adecuadas para describir el dolor de mi mirada reflejada en tus ojos. El dolor acumulado después de tanto tiempo… pero por fin estás aquí. Ya no habrá más excusas; más llamadas vacías; más esperar una respuesta, una mirada, un abrazo, un reencuentro... Ya no tendré que recordar nuestras miradas congeladas en el tiempo. Estás aquí, si, por fin estás aquí… y a partir de ahora solo habrá amor. Amor, y después aún más amor.


Y así estaba yo una noche, que iba en tu busca, y me encontré a mí misma.

Me exaspera la lentitud del tiempo y a la vez, me asusta su rapidez. Me asusta ver cómo pasan los días y la rutina sigue siendo la misma, me asusta que hayan pasado tantas noches sin estar a tu lado y que aún te siga echando de menos. No soporto la idea de no tenerte, de, en realidad, no haberte tenido nunca, y no veas lo que me duele pensar que nunca te voy a poder tener. Un pequeño gesto, una pequeña mirada… solo me espero eso, no, en realidad no me espero nada. Nada aparte de silencios vacíos, miradas frías y recuerdos rotos. Dedícame una última palabra, ofréceme una última rosa, dame una última oportunidad de saborear tus besos. Saborear tus besos, sentir tus abrazos… ya no me importa nada más que no seas tú. Tú, y yo a tu lado.

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